Premio Rioplatense año 2007

Sr. Raúl E. Barbero

PROGRAMA
Actos protocolares en la mañana

11:00 Lugar de encuentro de las delegaciones: Lobby del Marriott Plaza Hotel.
11:30 Ofrenda floral en el Monumento al General Artigas (Austria y Tagle).

En el monumento al Gral. Artigas luego de la presentación de la ofrenda floral, se pueden apreciar las dos delegaciones rioplatenses.

En el monumento al Gral. Artigas luego de la presentación de la ofrenda floral, se pueden apreciar las dos delegaciones rioplatenses.

12:00   Ofrenda floral en el Monumento al General San Martín.

En el monumento al Gral. San Martín luego de la presentación de la ofrenda floral, aparecen unidas los integrantes de las dos delegaciones rioplatenses.

En el monumento al Gral. San Martín luego de la presentación de la ofrenda floral, aparecen unidas los integrantes de las dos delegaciones rioplatenses.

Reunión del Rotary Club de Buenos Aires (En el Marriott Plaza Hotel)

12:45 Copa de compañerismo rotario.
13:00 Izamiento de las banderas argentina, uruguaya y rotaria.

Himnos nacionales argentino y uruguayo.

Informe de la Secretaria, por Ángel Alonso.

Palabras de bienvenida y ofrecimiento del agasajo, por el Presidente del RCBA, Dr. Horacio López Santiso.

Presentación del premiado, por el Presidente del Rotary Club de Montevideo, Julián Alonso.

Entrega conjunta de la distinción al Sr. Raúl E. Barbero.

Palabras de agradecimiento del premiado.

Brindis de compañerismo rotario, a cargo del Presidente del RCBA.

14:15 Cierre de la reunión.

Previo a la reunión, durante la copa de compañerismo rotario en el Plaza Hotel.

Previo a la reunión, durante la copa de compañerismo rotario en el Plaza Hotel.

Durante la entrega del premio, a la izquierda el Presidente del RCBA Dr. Horacio López Santiso, en el centro el premiado, Sr. Raúl Barbero y el presidente del RC de Montevideo, Sr. Julián Alonso.

Durante la entrega del premio, a la izquierda el Presidente del RCBA Dr. Horacio López Santiso, en el centro el premiado, Sr. Raúl Barbero y el presidente del RC de Montevideo, Sr. Julián Alonso.

Una vista parcial del Salón Dorado del Plaza Hotel.

Una vista parcial del Salón Dorado del Plaza Hotel.

El rotario Raúl Barbero durante su discurso de recepción del premio

El rotario Raúl Barbero durante su discurso de recepción del premio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Palabras del Premiado, Sr. Raúl E. Barbero

El 8 de noviembre de 1944, este prestigioso Rotary Club de Buenos Aires celebraba sus Bodas de Plata. El Rotary Club de Montevideo testimonió su adhesión al grato festejo, en la proscenia de una nutrida y selecta delegación encabezada por el entonces Presidente de la institución; el inolvidable Don Rodolfo (Dr. Almeida Pintos). El eminente consocio de la maravillosa oratoria, rindió el homenaje del club padrino con palabras que, sesenta y tres años después de pronunciadas, mantienen intacta su pureza sentimental.

En un pasaje de su alocución, fundamentando el porqué del obsequio conmemorativo que portaba en sus manos -una réplica de “El domador”, creado por otro socio talentoso, el escultor Don José Belloni- Almeida Pintos aludió al tesón con el que nuestro fundador Don Heriberto Coates (sobre fines de la segunda década del último siglo) propagó el ideal rotario por dondequiera anduviese, pasando por encima de gestos de incredulidad y de sonrisas irónicas. “Esa voluntad de Heriberto Coates -expresó Don Rodolfo- que domeñó los corceles de la incomprensión y de la indiferencia hacia Rotary en ambas márgenes del Plata, es lo que, mejor que nada, simboliza este domador de nuestras tierras que las manos encantadas de José Belloni, el rotario montevideano de barba patriarcal, el genial escultor de La Carreta, modeló para que nosotros lo dejáramos aquí, en ofrenda al Club de Buenos Aires”. Continuó don Rodolfo: “De ese tronco común, pues, arrancan los destinos del Club de Buenos Aires y del Club de Montevideo. Y allí están frente a frente, inseparables, como son inseparables las riberas del río, y la luz del color. Y así, juntos, han de marchar por los caminos felices del porvenir, en un mismo plano; como dos alas, en un mismo ritmo; como dos alas en un mismo esfuerzo; como dos alas… tal cual si Rotary, en el Río de la Plata, fuera un pájaro inmenso y poderoso”, y ahí quedó, con destino a las vitrinas del Rotary Club de Buenos Aires, aquella hermosa pieza emblemática, desbordante de arte.

Quince años más tarde, en 1959, al aproximarse el cuadragésimo aniversario de este club, “el padrino” volvió a pensar en el regalo para “el ahijado”. ¿Un cuadro?.. ¿Un trofeo?.. ¿Una placa?..Las urgencias no tenían fuerza para independizarse de los moldes clásicos de las adhesiones. Una tardecita, Don Blas (Dr. Rossi Masella) terminaba de presidir una reunión de la Junta Directiva, cuando un conceptuado miembro de la misma -Don Camilo (Dr. Fabini)- le pidió que permaneciera en la sede unos minutos más, pues deseaba conocer su opinión acerca de una idea relacionada con los próximos cuarenta años del club bonaerense. Había pensado en algo más positivo que un elemento recordatorio del acontecimiento. Había pensado en algo que tuviera palpitación humana; algo generado por la mente, sentido por el alma, y expresado por la voz. Se trataba -copio palabras suyas dichas en este mismo lugar cuando él recibió- con total justicia- esta distinción, de crear un premio honorífico entre los dos clubes, sobre la base de homenajes a figuras representativas, homenajes que se harían alternadamente en Montevideo y Buenos Aires. Naturalmente, la idea entusiasmó a Don Blas y cuando, al frente de una selecta embajada, llegó a esta tribuna para presentar al Rotary Club de Buenos Aires el regalo de los 40 años, todos quienes aquí estaban se unieron en un conmovedor aplauso aprobatorio. Don Camilo -reclamado desde el exterior por compromisos ineludibles- no pudo ser testigo de aquella exteriorización, pero tuvo oportunidad de disfrutar, por varios años, de las afortunadas derivaciones de su idea.

¿En qué pudo inspirarse Don Camilo para concebir ese emprendimiento compartido? ¿Fue, acaso, la aparición espontánea de una voluntad de ampliar y enriquecer – de ser posible, aún más- el lenguaje de la hermandad rioplatense, ése que nació en la Academia de la Historia de Dos Patrias, y que traduce como nadie el gran intérprete que es Rotary?.. ¿Fue, tal vez, la íntima repercusión de algo que dijera cierta vez Paul Harris: “Sólo pensar que el beneficio mínimo obtenido por Rotary es el contacto mutuo humano, ya es fuente de satisfacción para todos sus integrantes?, ¿o fue, quizás, la dimensión internacional que Paul pretendió para su creación: “Rotary se ha impuesto la noble tarea de estimular y fomentar la INTELIGENCIA y la BUENA VOLUNTAD entre los pueblos, como una de las más altas finalidades?”.

Sea como fuere, la intención era una sola, y único el propósito: EL PREMIO RIOPLATENSE ANUAL ROTARY CLUB se convertiría, a partir de 1960 y con el nombre inaugural del ilustre Bernardo Alberto Houssay, en la más genuina demostración de reconocimiento a consagrados valores argentinos y uruguayos.

Un lustro después de aquella adjudicación, ingresé al Rotary Club de Montevideo con la clasificación “Publicidad en prensa”, apadrinado por Don Raúl Núñez, al que dedico un agradecido recuerdo en esta circunstancia tan propicia para hacerla. Hombre de intachable trayectoria bancaria, me abrió el surco de Rotary, y me entregó la semilla de su ejemplo moral para que yo la sembrara en un terreno fértil, donde germinan el pensamiento y la acción en la fusión ideal para la formación del HOMBRE. Desde ese 15 de diciembre de 1965 que no se desprende de mis evocaciones más estremecedoras, se han eslabonado decenas de adjudicaciones del Premio Rioplatense, en actos a los que frecuentemente asistí, aquí y allá.

Hasta ahora, toda vez que alguien interesado en conocer el origen de este Premio me pedía detalles del mismo, me resultaba sencillo explicarle que se asigna por acuerdo de ambos clubes rotarios, a grandes figuras que, por su talento y su actuación en esferas científicas, intelectuales, artísticas, docentes, en fin… acrediten títulos para justificar su adjudicación.

Desde hoy, y como consecuencia de la incorporación de mi nombre, tendré que ingeniarme para agregarle algo a la explicación. Como tantas otras veces en que he debido acudir a Paul Harris para encontrarle sentido a ciertas cosas, vino en mi auxilio esta reflexión suya. Decía: “Rotary necesita de quienes piensan y de quienes trabajan. Tengo la impresión -añadía- que necesita de Pensadores- y tal vez más- que de trabajadores. Pero me siento seguro cuando digo que necesita de ambos, cualesquiera que fueran vuestros talentos y posibilidades de adaptación: los unos y los otros serán necesarios para la labor”.

Bueno, pues: acomodándome en ese pensamiento de Paul sobre los hombres que trabajan, fui aliviando mi conciencia del peso de la aceptación. Con todo respeto hacia enormes personalidades que conforman la nómina de premiados, al margen del talento y con las posibilidades de adaptación a que se refería Paul Harris para convencerme del motivo de la distinción, la recibo en nombre de aquella faceta: porque, en estos casi 90 años, continúo conjugando, en presente de Indicativo y en primera persona, el verbo trabajar, que aprendí cuando tenía 14 años. A esa edad -sin percibir qué estaba despuntando en mi vida- hice mi debut en el fascinante escenario de la COMUNICACIÓN. Estrenaba una vocación claramente insinuada, frente al micrófono de El Espectador, ante una audiencia de escolares y liceales… (¡Ah!… infancia y adolescencia de entonces)…que a falta de dinosaurios, seres extraterrestres y robots, eran capaces de soportar media hora de fábulas y poesías, biografías de benefactores de la humanidad, exaltaciones de las fechas patrias… un material que hoy aparecería como una cursilería dentro de un espacio radial, olvidando que el día en que el hombre deje de decir algo cursi se acabará la sensibilidad en este mundo.

Desde aquella jornada matutina de 1931, mi vida fue una incesante sucesión de mojones extendidos por el territorio de la COMUNICACIÓN. Audiciones de radio: actuaciones en agencias de publicidad hasta llegar a la propia, fundada medio siglo atrás con Luis Caponi, que está hoy aquí acompañándome; participación en congresos nacionales e internacionales; periodismo… y llevado por una inquietud de servicio que nunca declinó, una colaboración en la rama de RELACIONES PUBLICAS con instituciones oficiales y privadas que tienden su mano a la comunidad… En esa faceta, también, centralicé mi gestión como Secretario Ejecutivo del Instituto Cultural Uruguayo-Argentino, que fundó en Montevideo, en 1938, el Embajador Roberto Levillier, entidad que, en cierto modo, durante varios años realizó algo semejante a lo que hacen hoy nuestros clubes, al fomentar el intercambio de grandes conferencistas. De mi pasaje por ese Instituto-que presidía el Dr. Carlos Vaz Ferreira- rememoro instancias que nunca habrán de borrarse, porque la naturaleza de la gestión que cumplía me facilitó placenteros contactos con personalidades de la talla del propio Houssay; de Enrique Larreta; de Juan Pablo Echagüe (el célebre Jean Paul de los Suplementos Culturales de “La Nación” sabatina): del crítico de arte Julio Payró; y de nuestro compatriota Octavio Ramírez, que en el mismo rotativo bonaerense estampó muchas manifestaciones de su intelecto.

Si mis compañeros del Rotary Club de Montevideo entendieron que esa manía laboral podía considerarse una virtud merecedora de una premiación como ésta…: y si los amigos del Rotary Club de Buenos Aires se incorporaron afectuosamente a esa creencia… lo único que me resta es aceptarla, y prometerles que continuaré trabajando en…por…y para Rotary… Seré un trabajador más, entre aquéllos a que se refería Paul Harris. Deseo enterarlos, además, de que si me fue posible trabajar durante tanto tiempo, ha sido porque algunos “Premio Rioplatense” me proporcionaron los marcos donde pudo desarrollarse mi vocación por la comunicación. Aliado de Raúl Fontaina (Premio 1985) incursioné definitivamente en el apasionante universo de la radiodifusión: disfruté de su invalorable experiencia, de su notable habilidad para dirigir -sin hacerlo notar- cada uno de mis movimientos en la Radio Carve de los años 50. Fue mi gran maestro en la escuela del libreto -especialmente el radioteatral- que en nuestros dos países dominó vuestro Alberto Migré con una producción tan vasta como valiosa- … libreto que enseña a comunicarse con el oyente a través de la identificación con sus gozos y sombras de cada día. Tuve el privilegio de contar con el magisterio y la amistad de Washington Beltrán (premiado en 1999) en el diario “EL PAIS”, donde ese admirable ciudadano trazó una fulgurante andadura plena de honestidad periodística y de fe democrática: allí atiendo, desde hace veinte años, una columna bisemanal con la difícil misión de inspirar una sonrisa del lector. Junto a Julio Lacarte Muró (premio 2003), allá por los años 70 pusimos en marcha la ilusión de la “Fundación Siglo XXI”: su nítida visión de la problemática mundial certificada en protagonismos brillantes dentro de importantes organismos internacionales, le permitió adelantar por aquellos días, el surgimiento de diversos sucesos que fueron alternándose desde fines del Siglo XX hasta lo que va corriendo de éste. El hecho de trasladar al conocimiento público esas impresiones avaladas por una indiscutible capacidad de análisis, impuso una estrategia de comunicación que me deparó la primicia de incursionar en la zona del diagnóstico político, económico y social. Por otra parte, más de veinticinco años de amistad con el Prof. Dr. Horacio Gutiérrez Blanco -que recibió aquí, en 1991, la última condecoración de su destacada carrera científica- me llevaron a conocer profundamente a un ser excepcional que unió, a su autoridad docente y su responsabilidad profesional, una sensibilidad superior. Un año atrás se editó su biografía, que escribí en el imposible intento de reflejar todo lo que representaba para la medicina rioplatense, y sobre todo cuánto significó para mí. Hasta acá llegaron hoy su hijo mayor, el también médico Horacio Gutiérrez Galiana, y el nieto Juan Pablo Gutiérrez Aguiar (que está cursando aquí, el 4° año de Medicina en la Universidad Austral) para asociarse a esta alegría mía.

Alegría, sí…Sin duda…Pero, permítanme que les confiese que falta alguien que me impulsó con amor y confianza, con optimismo y fe, en cada uno de mis emprendimientos, en cada una de mis decisiones, donde no escasearon las temerarias. Elsa habría compartido, más que nadie, esta emoción: lo mismo ha de estar pensando nuestra hija Cristina, que me acompaña, y ha de sentir, como yo, la imborrable presencia de las grandes ausencias.

Y bien, amigos: es el momento de agradecer a los compañeros del Rotary Club de Montevideo- varios de los cuales están presentes, conformando una afectuosa delegación- este exceso de generosidad que se expresa en la distinción que se me confiere, un desborde tan desproporcionado, que ha arrasado con la lógica a la hora de elegir el candidato para tan alto honor. Es éste, asimismo, el instante de manifestar a ustedes, los miembros de este querido Rotary Club de Buenos Aires, la más sincera y honda gratitud por la amable aprobación concedida a fin de concretar esta propuesta de adjudicación del Premio Rioplatense Rotary Club del año 2007.

Pasará todavía algún tiempo antes de que me explique satisfactoriamente ambas decisiones, y me ubique lúcidamente en su justificación.

Entretanto, se me ocurre acercarles una anécdota que bien podría aplicarse en el caso. George Bernard Shaw era un fanático de la autocrítica. Así como reconocía sus méritos, no callaba cuando advertía que éstos pudieran afectarse con algún revés. En cierta oportunidad, entregó para el estreno una obra que no llegaba a convencerlo del todo. Pero, la certeza en un gran suceso que le exponía el director de la compañía que la ofrecería en su primera versión, redujo bastante las dudas del famoso dramaturgo. Llegó la noche señalada. Medio Londres estaba pendiente de aquella velada teatral. Cuando bajó el telón al término de la función, una ovación formidable consagró a la pieza representada. El autor, presente en la sala, fue invitado a subir al escenario para recibir el homenaje del
público. Shaw accedió: se plantó en medio del elenco…se abrió un silencio que imponía…y alguien, desde la galería alta, disparó uno de los silbidos más estridentes de la Historia del Teatro. Todos los espectadores reaccionaron con un aplauso más fuerte que los anteriores, prolongado por varios minutos. Con un gesto de sus manos, el genial irlandés pidió calma: y al retornar el silencio, dijo:”Al señor que me ha hecho llegar tan expresivamente su comentario sobre esta obra, le digo que estoy totalmente de acuerdo con él.

Pero, amigo mío… ¿qué podemos hacer usted y yo, cuando a todos los demás les ha dado por aplaudir?..

Muchas Gracias.

(*) Del Dr. Raúl Barbero

Ingresó en el Rotary Club de Montevideo en diciembre de 1965. Fue vicepresidente y presidente 1975- 1976. En 1993 asumió la Gobernación del Distrito 4980. Presidió el Colegio de Ex Gobernadores en el año 1997. Fue orador, moderador, conductor de talleres, miembro de la Comisión de Elección del futuro Gobernador y permanente colaborador de las publica­ciones de la institución. En 1974 asumió la Dirección de la Revista Oficial del Club “Rotaruguay” y durante dos años preparó micro-programas radiales destacando lás tareas rota­rias en bien de la comunidad bajo e! título “El aplauso de Ro­tary”. En 1978 integró la primera comisión especial encargada de los programas de! Ateneo Rotario, histórica tribuna acadé­mica del Club que en 1987 rindió homenaje a los 50 años de la visita del Dr. Gregorio Marañón a Montevideo en la que ofició de moderador. En el ámbito rotario recibió el Premio Virgilio del Rotary Club Punta Gorda 2001-2002 Y su Club le otorgó la distinción “Socio Paul Harris” de dos zafiros.

Fue distinguido por la Liga de Fomento de Atlántida; Funda­ción BankBoston; Fundación Lolita Rubial; Museo de la Ra­dio y las Comunicaciones, Cámara de Anunciantes del Uru­guay y por e! Círculo de la Prensa del Uruguay. Éste último reconoció su tarea en la Investigación Histórica concediendo el “Premio Nacional de Periodismo 2006”. Actualmente tiene a su cargo dos artículos semanales en el Diario El País que se publican desde 1987. En 1988 tomó a su cargo la Dirección y Coordinación del “Suplemento Celebrar Celebrando” con que e! Diario El País festejó su 70° aniversario. En 1989 comenzo como columnista de “Sábado Show”.

Entre sus actividades en la Comunidad debemos recordar des­de 1 964 a la fecha: La Liga de Fomento de Atlántida; El Pa­tronato del Psicópata; La Comisión Conmemorativa del Cin­cuentenario del Hospital Pedro Visca.

Trató así a ilustres argentinos como: Enrique Larreta (el autor de “La Gloria de Don Ramiro”); Juan Pablo Echagüe (“Jean­Paul”) colaborador asiduo de los Suplementos Culturales de “La Nación”; Bernardo A. Houssay, quien honró nuestro País antes de ser Premio Nóbel con una Conferencia Magistral sobre “Orientaciones Universitarias”.

Delegación del Rotary Club de Montevideo

Presidente Julián Alonso Freiría y Sra. Alba; el premiado Sr. Raúl Barbero e hija; Laura Cristina Akiki, George y Sra. Margarita, Argenti Ernesto, Baeza Alfredo y Sra. Susana, Berro Ernesto y Sra. Estela, Beyhaut Andrés, Brussoni Felipe y Sra. María Lucila, Caponi Luis, Cobas Carlos, Corallo Washington, Gutiérrez Horacio e hijo, Iribarne Domingo, Jaureguy Julio César, klisich Mario y Sra. Susana, Linares Leonel, Malek Gustavo, Marqués, Arturo, Michelin Salomon, Guido, Muinelo Alvaro, Muto Gabriel, Pol Deus Juan José y Sra. Graciana, Requeséns Ramón, Couture Eduardo, Rodríguez Cardozo Ariel y Sra. Susana, Tundisi Humberto y Sra. María del Rosario, Varela Ulises y Sra., Vollono Fernando y Sra. Inés, Morales Victor Hugo, Juan Antonio Capózzolo y Sra. Lilian Rosso.

Visitante rotario del exterior

Daniel Guggenheim, de Lugano, Suiza

Invitados especiales

Flavia Pisano (Consejera Embajada República Oriental del Uruguay) y Sara Noemí Rodríguez de Grinpelc (Presidenta de Adarba).