Premio Rioplatense año 2002

El 14 de mayo se entregó el Premio Rioplatense Rotary Club 2002, a la Sra. Jeannette Arata de Erize, en Montevideo, R.O. del Uuruguay. Dentro de las actividades del día, el Rotary Club de Montevideo organizó los siguientes:

10:45 hs.: Colocación de una ofrenda floral en el monumento al Gral. San Martín.
11:l5 hs.: Acto similar en el monumento al General Artigas.
11:30 hs.: Visita al Mausoleo del prócer.
12:00 hs.: Cóctel de bienvenida en la sede del Club Uruguay.

Las delegaciones argentina y uruguaya acompañan a la premiada durante la ofrenda floral.

Reunión del rotary Club de Montevideo
Palabras de bienvenida por el presidente del R.C. de Montevideo Guillermo E. Nava

El Rotary Club de Montevideo da la bienvenida al Rotary Club de Buenos Aires, a su presidente don Alfonso Racedo, a su señora esposa, a los amigos que integran la delegación y a la Sra. Jeannette Arata de Erize, nominada por el club visitante para recibir el cuadragésimo tercer Premio Rioplatense Rotary Club.

Premio que desde 1960 y por iniciativa de aquel gran rotario don Camilio Fabini, se instituyera para homenajear en vida a personalidades uruguayas y argentinas que se hubieren destacado por sus altas cualidades intelectuales y morales volcadas al servicio generoso de la sociedad.

Don Camilo Fabini impulsaba brillante esta idea, amparada en tres principios fundamentales del rotarismo, como lo constituyen:

  • el estímulo a los valores individuales del ser humano fuere o no de esa colectividad.
  • la intensificación de las buenas relaciones entre los clubes y
  • la hermandad y entendimiento entre clubes de distintos países, visualizando con ello, la internacionalidad del rotarismo.
  • Pero, me permito formular nuevamente ante ustedes lo que expresara:

Hermandad entre clubes de distintos países, para hacer las siguientes reflexiones:

¿Somos distintos países, cuando realmente, integramos una misma y homogénea región geográfica?

¿Que compartimos los mismos orígenes étnicos?

¿Que fuimos conquistados y colonizados por una misma nación?

¿Que nuestros suelos patrios recibieron generosamente, similares corrientes inmigratorias?

¿Que hablamos el mismo idioma?

¿Que tenemos las mismas costumbres?

¿Que nos unen poderosos vínculos económicos, sociales culturales y aún deportivos y familiares?

¿Somos de tan distintos países al tener fuerte arraigo histórico, que proviene desde el descubrimiento, la época colonial, pasando por la integración del Virreinato y posteriormente de las Provincias Unidas del Río de la Plata?

¿Que luchamos hombro a hombro por independencia del terruño americano?

Finalmente, ¿constituimos tan distintos países, cuando el dolor o la alegría del pueblo argentino se identifica también en dolores o alegrías del pueblo oriental?

Por todo lo expresado, recibimos con los brazos abiertos a la distinguida delegación argentina, y que en breves momentos procederemos a hacer entega del Premio Rioplatense Rotary Club 2002 a la Sra. Jeannette Arata de Erize, esperanzados que, en el devenir del tiempo, los clubes rotarios, de Montevideo y de Buenos Aires, que constituyeron los dos primeros jalones del rotarismo sudamericano, continúen instituyéndolo como símbolo imperecedero de:

Reconocimiento a ilustres personalidades de aquende y allende el Plata y fundamentalmente, como una expresión cabal, auténtica, fidedigna y emotiva, de una profunda amistad entre nuestros respectivos países.

A modo de colofón, nada más oportuno para este acto que aglutina la exaltación de valores individuales, así como también el fraterno encuentro de amigos platenses, que evocar las primeras estrofas de los himnos patrios:

Orientales!!!!!! La Patria o la tumba
Libertad o con gloria morir
Y el
Oíd mortales el grito sagrado
Libertad, libertad, libertad !!!

Palabras del Presidente del Rotary Club de Buenos Aires Sr. Alfonso Racedo

El Sr. Alfonso Racedo presidente del Club, durante la entrega de la presentación de la Sra. Erize.

El Sr. Alfonso Racedo presidente del Club, durante la entrega de la presentación de la Sra. Erize.

Todo comienza cuando una joven de nacionalidad francesa y de noble estirpe, Doña Valentina Rufz de Lavison, decide viajar a Montevideo para visitar unos amigos.

Llegada a esta linda ciudad se quedó imposibilitada de volver a su terruño debido al comienzo de la primera Guerra Mundial, y es aquí donde conoce a un joven y sobresaliente médico argentino, don Luis Arata con quien al tiempo se casa y que serían padres de Jeannette. Y no dudo que ella gozó de una infancia y juventud alegre y feliz que la ayudó a adquirir una amplia cultura con clara inclinación musical, que tanto floreció años más tarde.

Y llegado el tiempo, Jeannette se casa con el Dr. Francisco Erize, miembro de una arraigada familia porteña, destacado abogado de Buenos Aires y empresario ganadero que fue su gran compañero hasta hace unos pocos años en que fallece. Su pérdida fue muy sentida por quienes lo conocían, pues fue un gran señor.

Tuvieron dos hijos, Francis, que nos acompaña hoy aquí y lo definiría como el naturalista más importante de la República Argentina en este momento, siendo sus campos de trabajo favoritos la divulgación y conservación de la fauna silvestre, y Luis Alberto, abogado como su padre y socio principal de uno de los muy conocidos estudios capitalinos. Estos dos hijos le han dado a Jeannette siete nietos que no dudo son parte de su sonrisa.

Volvemos un poco hacia atrás y llegamos a 1952, cuando se crea el Mozarteum Argentino, entidad privada sin fines de lucro, que tiene como finalidad difundir la cultura musical en todos los niveles. Su primer presidente, don Cirilo Grassi Díaz, uruguayo, cuenta entre sus colaboradores con Jeannette, a quien en 1955 le ofrecen la presidencia. Aquí paro de contarles lo que hizo, lo que hace y lo que logró pues va a ser ella la que lo contará, pero simplemente les quiero enumerar las condecoraciones que ha logrado en reconocimiento de su obra al frente del Mozarteum en estos cuarenta y siete años de dedicación y esfuerzo que como verán traspasó con creces nuestras fronteras:

OEA. Diploma de Honor. Washington. 1991: Italia, Caballero y Comendador de la Orden del Mérito, Medalla de Oro a la Cultura Italiana en Argentina. 2000. Chile. Oficial de la Orden de Bernardo O’Higgins. Medalla de la Agrupación Beethoven. Brasil. Orden Cruceiro do Sul: Orden Cruceiro do Sul, en el Grado de Comendador. Francia. Orden al Mérito. Palmas Académicas, Caballero de la Legión de Honor, y Cruz de Oficial de las Artes y las Letras Austria. Orden al Mérito de Plata y Orden al Mérito de Oro. Medalla Nikolai (ésta le fue entregada personalmente por Carl Böhm, entonces director de la Orquesta Filarmónica de Viena cuando vino a Argentina en 1979). Insignia del Mérito de Oro de la Provincia Federal de Salzburgo. Orden al Mérito en el Grado de Comendador de Plata. Gran Medalla Dorada al Mérito y Orden de Honor al Mérito, de Oro, del Land, Wien. Alemania. Comendador de la Orden al Mérito de Oro y Comendador de la Orden al Mérito de Plata. Portugal, Orden de Enrique I el Navegante. Ecuador. Orden Nacional al Mérito en el grado de Comendador. Soberana Orden de Malta. Dama de Gracia Magistral. Laurel de Plata del Rotary Club de Buenos Aires.

Argentina. Premio San Martín de Tours al Mérito (1985-1988): Premio “Manzana de las Luces” otorgado por la Cámara de Anunciantes. Konex de Platino de la Fundación Konex (1988): Premio “Acción Cultural del Año” 1990 – AICA: Premio Especial Estatuilla Santa Clara de Asis (1991). Premio “Al Mérito por propulsar la cultura argentina”. Fundación Rómulo Raggio (1995). Personalidad Emérita de la Cultura (1998). Senadora de las Luces (por su trayectoria en el mundo de la Cultura) de la Comisión Nacional de la Manzana de las Luces (1998): Premio “Bach 2000” a la Excelencia y Difusión de la Música: es también Académica de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes, y Miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) que dirige el Embajador Carlos Muñiz, e integrante de su Comité Ejecutivo.

Amigos, los dejo entonces con Jeannette Arata de Erize, una mujer excepcional!!

Palabras de la Sra. Jeannette Arata de Erize

Señor Embajador Argentino en Uruguay, Dr. Hernan Patiño Mayer; Embajador del Uruguay en Argentina, Dr. Alberto Volonté Berro; Señor Presidente del Rotary Club de Montevideo, D r. Guillermo de Nava; Presidente del Rotary Club de Buenos Aires, Alfonso Racedo; amigos rotarios:

Recibir el Premio Rioplatense del Rotary Club 2002 es un honor y un placer que agradezco profundamente.

Esta distinción tiene un significado muy especial para mí, particularmente este año en el que se celebra medio siglo de la creación del Mozarteum Argentino, cuya presidencia ejerzo.

Hay muchos motivos por los que el Premio Rioplatense me conmueve profundamente. La razón por la que se otorga es la misma que yo tuve para dedicarme a una actividad en la que comprometí mi existencia y también la de mi familia: “el servicio a la comunidad”.

En 1952, cuando un grupo de hombres destacados de la cultura argentina me ofrecieron hacerme cargo de la presidencia del Mozarteum, la entidad era, en verdad, una pequeña sociedad de amigos que nos reuníamos en forma alternada en nuestras casas para escuchar y estudiar la obra de Mozart, a la manera de las tertulias musicales de otros tiempos.

Yo era entonces muy joven y en contacto con esas personalidades tuve una serie de ideas para la difusión de la música que comenté con ellos. Les propuse desarrollar un trabajo no restringido solamente a la promoción de la obra mozartiana.

Quería compartir con toda la gente que pudiera, la sabiduría y la felicidad que los integrantes de esa flamante sociedad musical, y los intérpretes, me brindaban.

Había una tradición cultural muy seria y arraigada en ciertas familias del Río de la Plata, que yo había tenido el privilegio de disfrutar. Y pensaba que ese acervo espiritual debía trascender los límites domésticos.

Deseaba facilitar el acceso de todos a ese tesoro.

Quizás en ese entonces no hubiera podido expresar tan claramente mi finalidad, pero sabía –con ese saber que precede a las palabras y a las razones, con ese saber que proviene de la sangre y de la alegría más pura- cuál era mi aspiración.

Era, y es, la misma que premia el Rotary: servir a la comunidad .

Ese servicio se desarrollaría en el campo cultural.

Cuando acepté ponerme al frente del Mozarteum, ignoraba que había dado comienzo a una nueva vida. Desde entonces mi existencia, la de mi familia y la de mis colaboradores, ha estado regida por la ambición de difundir lo mejor de la música de todos los tiempos en la Argentina.

Afortunadamente, las circunstancias nos llevaron a trascender las fronteras de mi patria y a favorecer el surgimiento de sociedades y actividades semejantes en otros países de América Latina, como Brasil, Chile, Venezuela y, por cierto, el Uruguay, la nación hermana por excelencia de la Argentina.

Como testimonio de esto, hoy tengo la felicidad de que me acompañan en este acto Zulma Abete, Presidenta Honoraria del Centro Cultural de Música de Montevideo, con quien comenzamos hace más de veinte años una estrecha colaboración, y su sucesora, Vera Bergengruen, actual presidenta de esa institución.

Otro de los motivos de alegría que me depara esta distinción es precisamente el hecho de recibirla en Montevideo.

Los argentinos y los uruguayos estamos unidos, como tantas veces se ha señalado, precisamente por el accidente geográfico que en apariencia nos separa: el Río de la Plata.

No ha habido mejor manera de expresar la hermandad entre montevideanos y porteños, entre uruguayos y argentinos, que reunirlos bajo la denominación de rioplatenses. En este caso la cercanía geográfica tiene su equivalente en la cercanía del corazón.

Este acto, en ese sentido, coincide con otras de mis aspiraciones: servir de puente entre las culturas y poner en contacto a los individuos entre sí y con lo mejor de ellos mismos, con la parte más noble de cada uno de nosotros que, a menudo, queda relegada por el tráfago cotidiano.

Al comienzo de mi tarea, quise ofrecer a mis asociados algo distinto, que les permitiera establecer vínculos con distintas expresiones del espíritu. Se me ocurrió entonces la idea de hacer conciertos en los museos.

De ese modo, la historia, las artes plásticas y la música, envolverían al público en la atmósfera ideal para asimilar las creaciones de los grandes maestros.

Por otra parte, en Buenos Aires, los museos funcionan en algunos de los palacios que pertenecieron a familias tradicionales, lo que de algún modo continuaba la costumbre inicial del Mozarteum de celebrar conciertos en casas particulares.

El palacio Errázuriz (Museo Nacional de Arte Decorativo), el palacio Noel (Museo Nacional de Arte Iberoamericano), fueron marcos de excepción para aquellos primeros conciertos. El palacio Noel perteneció a los hermanos Carlos y Martín Noel. La esposa de Martín, Elena Nécol de Noel, era uruguaya.

Otro eslabón más en esta sólida cadena de fraternidad.

Era la época en que los grandes artistas se quedaban varias semanas en una ciudad ofreciendo recitales.

Eso permitía establecer lazos profundos de amistad.

El arte era al mismo tiempo, expresión de los afectos y pretexto para que se crearan vínculos humanos muy hondos.

A menudo, solistas de primer nivel internacional, por el simple placer de tocar ciertas obras de cámara con colegas de excepción, donaban sus actuaciones.

Así, por ejemplo, pudimos disfrutar del arte maravilloso del gran pianista Friedrich Gulda en un concierto de cámara en el que lo acompañó un conjunto de vientos, formado para la ocasión, que sería el germen del Quinteto de Vientos del Mozarteum.

Llevados por esa necesidad de elaborar nuevos proyectos para difundir la labor de nuestros artistas, se nos ocurrió, en los años 60, transmitir sus conciertos por el medio más popular y de alcance más efectivo: la televisión. Pudimos convencer a las autoridades del Canal 7 y a los anunciantes. Tuvimos así un programa televisivo.

Al principio nos valimos de la amistad con algunos de los dueños de las grandes residencias del período dorado de la Argentina, para transmitir las emisiones desde esas casas. Eso nos permitía también mostrar las colecciones de arte que habían sabido reunir.

Las cámaras mostraban la arquitectura de esas mansiones, antes de que comenzaran los recitales. Una colaboradora y yo, escribíamos los guiones.

Hoy, después de tanto tiempo, puede resultar divertido, incluso pintoresco, evocar algunos de esos episodios, pero en su momento significaron mucho trabajo y angustias.

En primer lugar, había que convencer a los propietarios de aquellas residencias que mostraran sus tesoros y nos dieran libertad para perturbar la intimidad en que vivían.

Recuerdo que algunas señoras trataban de disimular con sonrisas versallescas y modales encantadores el terror de ver los salones señoriales ocupados por maquinarias y cables, semejantes a monstruos envueltos en lianas, que parecían amenazar la integridad de las porcelanas, los cristales de Murano y los vidrios de Lalique.

Cuando llegábamos a una de esas mansiones, había que “vaciar” los espacios para que surgiera una especie de escenario.

Había que prever el desplazamiento de las cámaras, de modo que los propietarios veían que todo se cambiaba de lugar, que se imporvisaba una nueva decoración para instalar una iluminación adecuada.

En suma, se utilizaba todo lo que había, pero se lo organizaba de otro modo, ante la mirada azorada de los habitantes que se preguntaban si los delicados objetos de sus colecciones saldrían indemnes de esa invasión.

Nos habíamos convertido en especialistas en armar y desarmar casas. Afortunadamente, esos señores tan felices con sus tesoros, cedían en todo.

Por una razón fundamental: confiaban en nosotros por amistad.

Acabo de hablar de la amistad. Ese es otro de los aspectos que me regocija en este premio.

El Rotary es una institución presidida por la amistad y, en esta circunstancia, la reunión de las sociedades uruguaya y argentina es una manifestación de afecto de dos pueblos.

La amistad se funda en la confianza y en la continuidad. La mera simpatía que nace de un arrebato, en cambio, se esfuma rápidamente.

Por eso, el Mozarteum se exigió, desde el comienzo, una conducta que inspirara confianza y que tuviera como horizonte un largo futuro.

Si las grandes orquestas internacionales y los grandes virtuosos actúan en nuestros ciclos y se comprometen a venir, lo hacen porque saben que, de este lado del océano hay gente confiable.

Esa confianza y perdurabilidad son los primeros pasos que conducen a la amistad.

Durante la historia del Mozarteum tuvimos el privilegio de recibir y de tratar a algunos de los creadores e intérpretes más importantes del siglo XX.

Esa frecuentación me permitió tomar conciencia de que habían alcanzado esas cimas porque no se habían limitado a su arte.

La música, comprendida a fondo, había sido para ellos el medio que les había permitido ir más allá, superar el carácter profesional de su actividad y tener una visión más completa del ser humano y de la Historia.

Dos de los artistas que más combatieron por la libertad y los derechos humanos –curiosamente dos violoncelistas: Pablo Casals y Mstislav Rostropovich

actuaron en nuestros ciclos y nos demostraron que la profundidad de sus interpretaciones no dependía de las horas dedicadas a su arte, sino de la hondura de sus preocupaciones, que excedía largamente el ámbito musical.

Y otro tanto puede decirse de figuras como Daniel Barenboim, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Krysztof Penderecki y Pierre Boulez.

Ejemplos de esa naturaleza nos enseñaron paradójicamente que, para hacer bien lo que hacíamos, no debíamos encerrarnos solamente en la organización de ciclos musicales.

Debíamos ir más allá.

Por eso, nos ocupamos de otorgar becas, de organizar cursos de perfeccionamiento.

Por eso, compramos el atelier de la Cité des Arts, en París. El Mozarteum Argentino es la única institución privada que tiene un estudio en ese moderno edificio a orillas del Sena, que simboliza la unión espiritual de los pueblos.

El resto de los ateliers sólo se ha concedido a Gobiernos de 7 países.

Esa excepción a las normas de la que fuimos beneficiarios, fue posible gracias a una decisión de André Malraux, con el que me puso en contacto nuestra amiga, Victoria Ocampo.

Una vez más la amistad fue la semilla que rindió buenos frutos.

En esos dos cuartos de París, desde cuyo ventanal se ven las torres de Notre Dame, no sólo se albergaron músicos, también pasaron por allí pintores, escritores y críticos que tuvieron la oportunidad de absorber la cultura del Viejo Mundo y de tratar a sus pares llegados a la Cité de todas partes del mundo.

De todas las actividades del Mozarteum la que quizá represente mejor nuestra ambición de hacer llegar a todos el viento maravilloso del espíritu, de servir a la comunidad, es el ciclo de “Conciertos del Mediodía”.

Gracias a ellos, una vez por semana, en forma gratuita, los empleados –que sacrifican su hora del almuerzo- , la gente mayor, los estudiantes –en suma, todos aquellos con inquietudes que a menudo no pueden satisfacer por razones económicas- , tienen acceso a la música de los grandes compositores interpretada por artistas de gran nivel.

Me referí a mi deseo de establecer un puente entre las culturas y los individuos.

Los conciertos que organizamos en el interior de la Argentino han servido no sólo para que el público de las provincias –con frecuencia olvidado en las grandes giras internacionales- , tenga la oportunidad de apreciar a los grandes intérpretes y también ha permitido que éstos conozcan la realidad de América Latina, sus riquezas, su tesoro humano y, por cierto, también sus terribles problemas.

Esos viajes por el Norte y por el Sur del país han hecho mucho por la Argentina en el exterior.

Los artistas viajeros se han convertido en inmejorables embajadores del continente. Muchos de ellos han quedado cautivados por la música llamada “primitiva” del altiplano, se han comprado quenas e interpretan los domingos, en sus casas, en pequeñas reuniones, los temas que escucharon en la frontera con Bolivia.

Esos lazos invisibles que se tienden más allá del tiempo y de la geografía, más allá de las divisiones políticas, en el reino del espíritu, pasan a ser un capital humano invalorable.

Son un premio secreto, un premio compartido que se multiplica cada vez que alguien evoca la música escuchada en un concierto, el paisaje contemplado en una gira o la voz y el rostro de los amigos lejanos.

Hoy agradezco este premio público no sólo en mi nombre, sino en el de los miles de artistas que pasaron por los ciclos del Mozarteum, en el de mis colaboradores y en el de mi familia, que supo apoyarme durante todos estos años.

Este es también un premio para la constancia y el afecto con que el público nos ha retribuido.

En estos momentos tan difíciles de la Argentina y del mundo, sólo el trabajo y el reconocimiento al trabajo, podrán servir para la construcción del futuro.

Muchas gracias.

En el centor la premiada, Sra. de Erize recibe de los presidentes de Montevideo y Buenos Aires un obsequio de su paso por dicho club rotario.

En el centor la premiada, Sra. de Erize recibe de los presidentes de Montevideo y Buenos Aires un obsequio de su paso por dicho club rotario.