Hipoacusia

El niño que nace sin oír, no puede adquirir su habla y su lenguaje y por ello, enfrenta obstáculos casi absolutos para su neurodesarrollo, atentando contra sus posibilidades de integración social.     

Cuando un niño en estas condiciones no se atiende oportunamente, está condenado a una grave discapacidad y a una profunda desventaja en todas las áreas de la vida.

Las principales consecuencias de la hipoacusia severa o de la sordera son:

·         la reclusión en un mundo de aislamiento.

·         la incapacidad para desarrollar su propio lenguaje.

·         la imposibilidad de captar las voces de los demás, 

·         la pérdida del equilibrio psicoemocional por la falta de contacto con el mundo sonoro (y sus consiguientes dificultades para el estudio y desempeño laborales).

GRADOS DE PÉRDIDA AUDITIVA (se mide en decibeles y se ejemplifica):

·         Audición normal (hasta 20 dB): Oye las hojas movidas por el viento, el tic tac del reloj.  

·         HIPOACUSIA LEVE (20 a 45 Db) Dificultad para entender un murmullo o un chasquido de dedos.

·         HIPOACUSIA MODERADA (45 A 60 Db): Dificultad para oír una conversación tranquila, el canto de pájaros; entiende voces de intensidad normal, hablándole de frente y de cerca. Requiere audífonos.

·          HIPOACUSIA MODERADA A SEVERA  (60 a 75 Db): Dificultad para oír voces normales a fuertes, o el timbre de la puerta; hay que hablarle en voz alta. Requiere el uso de audífonos.

·         HIPOACUSIA SEVERA (75 a 90 Db): Dificultad para oír el timbre del teléfono, un trueno, el llanto del bebé; oye voces muy altas. Requiere audífonos para seguir una conversación.

·         HIPOACUSIA PROFUNDA O SORDERA (90 dB o más): Dificultad para oír un camión o una sierra mecánica. Requiere audífonos muy potentes.

DETECCIÓN:

Con un diagnóstico precoz la hipoacusia tendrá un mejor pronóstico, ya que el estímulo auditivo es crítico para el desarrollo de la vía neurológica de la audición.

Diagnóstico precoz de hipoacusia:

·         Todos los niños deben ser evaluados al nacer.

·         Si no se realizó la evaluación en el momento del nacimiento, se deben evaluar antes del primer mes de vida.

·         Todos los niños que estuvieron internados en la Unidad de Cuidados Intensivos, deben ser evaluados desde el punto de vista acústico al momento del alta de dicha Unidad.

·         ANTES DE LOS TRES PRIMEROS MESES DE VIDA: reevaluación de los niños en los que se encontraron trastornos de audición.

·         ANTES DE LOS SEIS PRIMEROS MESES DE VIDA: COMENZAR EL TRATAMIENTO DE LOS NIÑOS HIPOACÚSICOS.

Se mencionan los factores de riesgo (aquellos casos en que aumenta la incidencia de la dificultad auditiva, de acuerdo al el Joint committee on infant hearing, año 2007):

1) Preocupación por parte del cuidador por la audición, habla, retraso del lenguaje o del desarrollo.

2) Antecedentes familiares de hipoacusia permanente.

3) Todos los recién nacidos ingresados a la Unidad de Cuidados Intensivos por más de 5 días (incluyendo uso de ECMO, ototóxicos, diuréticos de asa). Se incluye hiperbilirrubinemia que requiera recambio de sangre pero independientemente del número de días en la UCI.

4) Infecciones intrauterinas (TORCHES: es decir toxoplasma, Rubeola, CMV, Herpes, Sífilis)

5) Malformaciones craneofaciales incluyendo las alteraciones del pabellón auricular, el oído externo y el hueso temporal.

6) Hallazgos del examen físico sugerentes de síndromes asociados a hipoacusia congénita.

7) Otros síndromes que se asocian a hipoacusia congénita o hipoacusia de aparición tardía como neurofibromatosis, osteopetrosis Usher, Waanderburg, Alport Pendred y Jervell, Lange-Nielson.

8) Desórdenes neurodegenerativos como el Sindrome de Hunter, ataxia de Friedreich y Sindrome de Charcot-Marie-Tooth.

9) Cultivo positivo para infecciones post natales asociadas a hipoacusia neurosensorial incluida la meningitis bacteriana y viral.

10) Trauma encefálico especialmente si compromete el hueso temporal.

11) Quimioterapia.